1968: UNA ODISEA CINEMATOGRÁFICA

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Me estoy poniendo a mi mismo al máximo nivel de uso, que es lo que creo que cualquier entidad consciente puede esperar hacer.

2001: Una odisea del espacio, la obra maestra –una de las- de Stanley Kubrick. Un hito en la historia del cine. Un prólogo con un homínido que modifica la naturaleza para evolucionar. Un extraño aparato monolítico encontrado en la Luna y los astronautas que lo investigan. Un viaje especial hacia Júpiter, en una nave comandada por una computadora ultra-inteligente que parece tener otras intenciones. Un astronauta que escapa y emprende un viaje aún mayor.

Tal vez sea por contener la más famosa y extremadamente larga elipsis en la historia del cine, cuando el homínido lanza al aire un hueso y al caer se transforma en una nave espacial de similares características físicas.

Tal vez sea por contener uno de los personajes más paradójicamente artificiales y humanos, capaz de proveer la mejor de las ayudas o el peor de los daños con conciencia propia, representado en un simple punto rojo con voz robótica.

Tal vez sea porque la impersonalidad y frialdad de la historia es la perfecta metáfora de su abstracto mensaje universal. Los actores parecen ser planos en su actuación, pero porque no quieren robarle la cámara ni distraer al espectador del verdadero protagonista y tema de la historia: HAL 9000 y la tecnología. Cómo creamos tecnología, cómo la usamos, cómo la aprovechamos y cómo ésta se puede aprovechar de nuestra ingenuidad e ignorancia es el temor principal de 2001: Una odisea del espacio, que vino en el mítico año de 1968 (junto con La Noche de los Muertos Vivientes, de George A. Romero), el mismo año que el hombre pisó la luna.

Tal vez sea por la capacidad técnica única, una impecable realización que la sitúa como una de las obras de cine que mejor ha envejecido en la historia. La película podría haber salido –para ser reservados-, hace un par de años y podría seguir teniendo una impecable limpieza en cada detalle de efectos especiales.

Tal vez sea por la música tan encerrada en nuestro inconsciente, del Danubio Azul, de Lux Aeterna, y por supuesto, de Así habló Zarathustra.

Tal vez sea porque quizás son tres películas las que nos cambiaron la manera de ver la ciencia ficción: Metrópolis (Fritz Lang, 1927), Blade Runner (Ridley Scott, 1986), y 2001, pero sin duda ésta última ha creado las imágenes más memorables e intrínsecas de la memoria colectiva del género.

Es difícil saberlo, pero 2001 es una película inigualable. No, no es para todo público. Es lenta, es densa, es difícil, tiene un ritmo muy distinto a incluso cualquier película de Kubrick (quien nunca se caracterizó por acostumbrar al espectador a un mismo estilo). Pero es un espectáculo visual, musical, filosófico, humanista y, por supuesto, cinematográfico sin precedente alguno y sin obra que se le pueda comparar ahora. Es por ello que 2001: Una odisea del espacio dice: “Sí, no todos pueden verme o disfrutarme, pero sí tengo un mensaje para todos”.

2001: A SPACE ODYSSEY (2001: Una Odisea del Espacio)

E.U.A. y Reino Unido, 1968

Director: Stanley Kubrick

Productores: Stanley Kubrick

Guionistas: Stanley Kubrick, Arthur C. Clarke

Fotografía: Geoffrey Unsworth

Música: Gyorgy Ligeti, Richard Strauss, Johann Strauss

Intérpretes: Keir Dullea, Gary Lockwood, William Sylvester, Douglas Rain

sergio.aguilar@revistamiopia.mx

@sergio_jaa

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