HIJOS BASTARDOS

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Caminan por el parque, los bastardos. Pasan junto a una mesa, y hombres que juegan a golpearse, junto a otros que comen, les preguntan ¿Qué estás viendo?. Se voltean avergonzados. A los pocos metros, el más obeso de los hombres que comían en el parque, se pone de pie y le avienta comida. Trata de regresar para vengarse, pero es detenido por su compañero. No vale la pena.

Los Bastardos es una de las más viscerales películas mexicanas de los últimos años. Dirigida por Amat Escalante, es igual de impactante que su debut Sangre y fue un firme escalón para su triunfo como Mejor Director en Cannes por la película Heli.

En Los Bastardos, Jesús y Fausto son dos migrantes mexicanos en E.U.A. Jesús, de aspecto imperdible con barba y cabello un poco largo, no se quita de encima una mochila ligera, ya sea mientras está de albañil, en el autobús, o caminando por la calle. Fausto tiene una cara aniñada, parece o rebasar ni los 20 años de edad.

Se paran en las calles con sus compañeros en busca de trabajo. En una camioneta un hombre les pide ayuda con un trabajo en una construcción. Al final de la jornada, incluso intenta estafarlos. Pasan por un parque, y son humillados y atacados por un grupo de jóvenes blancos, que jugaban a luchas, cual caza del KKK en medio del día veraniego. Entran a una casa, donde una mujer y su joven y alienado hijo viven sin mayores dificultades. Una especie de catarsis entre Jesús y Fausto, y la mujer y su hijo.

El ritmo lento de la película garantiza, y su puesta en escena muy simple y minimalista impone al espectador ser mucho más reflexivo y cuidadoso en los detalles, para que no se pierda de ningún gesto, ningún tono de decir las cosas, ni una mirada que pudiese dar pistas.

Pero de pistas tampoco encontramos muchas. La historia de crimen y violencia tiene una estética tan omnipresente con una cámara tan objetiva que molesta su indiferencia. Pero es fiel reflejo de una situación sumamente real.

No necesita más que dos balas y unas cuantas frases para contar una película tan violenta e impactante como Oliver Stone o Quentin Tarantino. Dejar muchas preguntas sin responder es vital en el desarrollo de una película que, paradójicamente, es muy clara y directa en lo que dice. ¿Por qué hicieron lo que hicieron? Es cierto que hay claves un poco difusas por ahí, pero realmente es un golpe en la pared. Un incidente que no servirá de nada más que proveer un tubo de escape momentáneo a nuestros protagonistas.

En Los Bastardos encontramos crudeza en el manejo de imágenes crudas que corresponden a una historia tan real. La situación inmigrante en los Estados Unidos no puede pasar desapercibida, y esta película, que se suma al número ya alto de producciones que tratan el tema –y aún insuficiente-, es de los más creativos ejemplos y esfuerzos por identificar a dos públicos de ambos lados de la frontera con una misma condición, como hijos de un sistema desgastado y desgastante.

LOS BASTARDOS

México, Francia & E.U.A., 2006

Director: Amat Escalante

Productores: Amat Escalante, Jaime Romandía

Guionistas: Amat Escalante, Martín Escalante

Fotografía: Matthew Uhry

Música: Jazkamer

Intérpretes: Jesús Moisés Rodríguez, Rubén Sosa, Nina Zavarin

sergio.aguilar@revistamiopia.mx

@sergio_jaa

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