DARLE AL PÚBLICO LO QUE QUIERE

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ADVERTIMOS que las imágenes que van a ver a continuación pueden herir la sensibilidad del espectador.

En Tesis, Ángela es una joven estudiante de la Facultad de Ciencias de la Información, actualmente realizando su tesis en violencia audiovisual. Conoce a Chema, un introvertido joven que tiene una colección de cine pornográfico, gore y snuff. Su tutor de tesis fallece misteriosamente tras ver una película. Ángela y Chema descubren las pistas tras una red de películas de asesinatos en los pasillos ocultos de su biblioteca. Y esto es sólo el inicio.

Ángela tiene problemas con visualizar su propio trabajo. Trata de escapar de su instinto negando siempre lo que está viendo. “Yo no disfruto viendo esto”, “Interesante para mi trabajo, no para mi”. Lo cierto es que la elección del material fue tras un proceso de atracción. También de repulsión. Aquí está la última paradoja de la violencia: lo que le parece repulsivo le atrae. Ángela no es mayor guardiana de la moral que todos nosotros.

Y es que por eso todos los personajes son tan reales, por ser tan complejos, contradictorios, misteriosos: Chema (¿tiene otras intenciones?), Bosco (¿es el asesino o no?), su novia (¿víctima o victimaria?), el profesor Castro (¿qué clase de ética tiene?). Por momentos, aunque breves, parece que ni de la propia Ángela podemos confiar.

Tras fallecer su tutor de tesis, le asignan otro a la protagonista, con quien nunca se ve cómoda. En una clase, el nuevo profesor (otro enigma) dice que la única manera de competir con el gran mercado norteamericano de cine es “Darle al público lo que quiere”.

Esa filosofía es la justificación de la violencia, pero también es el inicio de un círculo vicioso. Muy pronto se borran los límites de lo soportable, lo inadecuado, lo vendible, lo atractivo. Por supuesto, los límites entre lo real y lo virtualmente real: la representación.

Tesis es, después de todo, una tesis sobre la violencia inherente en el video, preocupación primigenia del cine de terror de los 90. El Aro (Hideo Nakata, 1998) y El Proyecto de la Bruja de Blair (Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, 1998) son los otros dos ejemplos ideales que además, son anteriores a la cinta española. ¿Terror hacia el video? No, sino a lo que es posible con el video: borrar la frontera entre la representación y la acción en vivo.

La advertencia final en el programa “Justicia y ley” (un programa que difunde y vende precisamente contenido violento), que hipnotiza a quienes lo ven ocupa un papel especial pues es exactamente lo último que vemos de la película, e inevitablemente nos invita a pensar en el fenómenos de la suspensión de la credulidad: cuando se encienden las luces de la sala de cine, el espectador se da cuenta de que todo lo que acaba de ver era una mentira.

En Tesis eso no sucede así: sí, lo que vimos era una mentira, pero la advertencia escrita en futuro nos invita a pensar, y temer, en lo que va a iniciar una vez que salgamos de la sala.

TESIS

España, 1996

Director: Alejandro Amenábar

Productores: José Luis Cuerda, Ricardo Steinberg

Guionistas: Alejandro Amenábar, Mateo Gil

Fotografía: Hans Burman

Música: Alejandro Amenábar

Intérpretes: Ana Torrent, Fele Martínez, Eduardo Noriega, Xavier Elorriaga

 

@sergio_jaa

sergio.aguilar@revistamiopia.mx

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