MI NOMBRE ES TOM

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-¿Quién es Joey?-, -Tú eres-, -Mi nombre es Tom, señor-, -Por supuesto que sí-.

En Una historia violenta, Tom Stall es padre de familia de un adolescente que sufre bullying, una pequeña niña y una esposa joven, típica familia campirana norteamericana. Son dueños de una cafetería, y todos en el pueblo le conocen, saludan y respetan como un miembro educado y activo de la comunidad; hasta que un par de delincuentes irrumpen en su restaurante intentando robar. Tom, defendiendo su negocio y sus empleados, logra derribarlos y asesinarlos, convirtiéndose en un héroe local.

A los pocos días, comienzan él y su familia a ser acosados por hombres misteriosos que dicen conocer a Tom cuando vivía en Filadelfia, y su nombre real es Joeay Cusack, y que era un despiadado criminal. Tom lo niega, pero la realidad cada vez es más aplastante e inocultable.

Sin duda, Una historia violenta es uno de esos intentos en los que un cineasta de autor intenta contar de otra manera a la habitual sus historias, y terminan en un producto tal vez regular, pero sobre todo, infravalorado. La película de Cronenberg es bastante alejada de la estética plástica a la que nos tiene acostumbrados. Su ritmo lento por partes pero siempre misterioso por momentos recuerda a David Lynch incluso, pero los fans del canadiense debieran visitarla de nuevo y verla como eso: un intento de Cronenberg por contarnos de otro modo su historia violenta.

Tom es el prototipo de hombre norteamericano honesto, tranquilo, respetado miembro de su poblado, que acude a la iglesia y siempre presta la mano en lo que se necesite, sólo que tiene una historia violenta tras él. Pero también Tom ha intentado, y con éxito durante mucho tiempo, tapar su lado más violento. Lo ha ocultado bajo esa fachada socialmente aceptada y funcional. Pero siempre ha existido esperando que se abra al puerta pasa salir. Nunca se deshizo de ése espíritu, simplemente lo escondió.

Tom es entonces el arquetipo de una sociedad violenta, que intenta ocultar su violencia. Es la perfecta metáfora de crímenes internos terribles en los que siempre se intenta ocultar el hecho de que la paranoia ha inundado todo un país que se jacta de ser de primer mundo. Sólo el tiempo podrá quitar la máscara y develar una realidad poco agradable.

Máscara que, además, se transmite muy fácilmente. La situación más obvia es la paliza que el propio hijo de Tom le pone a quien se burla de él en la escuela (si bien Tom nunca se muestra como alguien violento a sus hijos, ¿por qué reacciona así el joven?); pero también las televisoras que llaman a Tom un verdadero héroe nacional que defiende a su familia y negocio.

El final, un poco ambiguo, refleja una metáfora de ese ser violento. Tom podrá ser perdonado por su familia, y podrá sacar de raíz ya, finalmente, las malas hierbas que aún crecían en su puerta principal acechándole, pero después de todo, quien debe aprender a perdonarse, es él mismo.

A HISTORY OF VIOLENCE (Una historia violenta)

E.U.A., Alemania & Canadá, 2005

Director: David Cronenberg

Productores: Chris Bender, J.C. Spink

Guionistas: Josh Olson, basado en la novela gráfica homónima de John Wagner y Vince Locke

Fotografía: Peter Suschitzky

Música: Howard Shore

Intérpretes: Viggo Mortensen, Maria Bello, Ed Harris, William Hurt

@sergio_jaa

sergio.aguilar@revistamiopia.mx

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