NUNCA HUBIERA SIDO UN TRAIDOR

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Mientras camina por el campo, con las manos tras la espalda, y sosteniendo su gorra, su voz nos dice: “Debemos pelear al final. Yo así lo hice. Nunca hubiera sido un traidor. Nunca. Nunca habría vendido mi honor.”. Se para frente al sol, se pone firme, y saluda con la mano derecha en alto como cual soldado de la SS lo haría durante la II Guerra Mundial.

El paraíso de Hafner es un documental sobre la II Guerra Mundial. Es un documental sobre el nazismo. Es un documental sobre la dualidad y la contradicción. Sobre el pasado y sobre el presente. Es la historia de Paul Hafner, soldado de la SS que no retiene ningún remordimiento sobre lo que hizo en algún punto de la historia.

Paul es un típico anciano. Un verdadero abuelo que pasa totalmente desapercibido, vestido de traje, con sombrero de hombre viejo, mientras compra chocolates en el supermercado, y por la noche lee libros que alaban el nazismo y la figura del führer.

Las reuniones habituales de Paul con ex soldados nazis, y franquistas declarados (a la que incluso atienen adultos jóvenes y niños), nos recuerda que no sólo es un mundo que crece como paralelo al resto, si no que lo que creíamos extinto por un segundo sigue suficientemente vivo como para seguir siendo tema de observación.

Pero eso no significa que la cinta hable “del doble yo interior”, o de la “hipocresía de criminales de guerra”. Eso dejémoslo a sus cobardes amigos que no respondieron sus llamadas cuando fue de visita a Mallorca. Por eso Paul es aún más complejo: no se retracta, no admite que lo que hizo fue en todos los sentidos incorrecto, porque ni siquiera lo sabe.

En el momento más icónico y tenso de la cinta, Paul se reúne con Hans Landauer, sobreviviente del campo de concentración de Dachau (Alemania). Ambos empiezan a contarse mutuamente la crónica de un día muy particular en el que ambos estuvieron en Dachau: el 20 de abril de 1945, cumpleaños de Hitler y a pocas semanas del fin de la guerra.

Paul, sin quedarnos claro el motivo, admite que no recuerda ver en ningún momento señales del genocidio que estaba ocurriendo en ese lugar. Con mucha paciencia, Hans le muestra fotos, le cuenta historias, pero Paul las niega diciendo que “todo eso es propaganda”.

La memoria histórica de Paul es nula. Como en sus reuniones con franquistas, que claman querer regresar a esa España “gloriosa”, Paul parece de algún modo desolado. No se ve realmente afectado (a pesar de que sí dice que espera la llegada del IV Reich), por el hecho de que todo por lo que creía y defendía, es ahora considerado un insulto a la humanidad. Vive en su paraíso al que muy pocos tienen acceso, y aún menos son los ingenuos que siguen pensando que nunca saldrán de ahí.

Justamente por ello deben haber más documentales que reporten una realidad de este tipo. Son para impactar y retener en nuestra memoria, nuestra memoria colectiva, para que la historia no se repita. No debe repetirse.

HAFNER’S PARADIES (El paraíso de Hafner)

Austria y España, 2007

Director: Günter Schwaiger

Productores: Günter Schwaiger

Guionistas: Günter Schwaiger

Fotografía: Juan Lucas

Intérpretes (Apariciones): Paul Hafner, Cristina de Rueda, Hans Landauer, Joachim Neyroth

@sergio_jaa

sergio.aguilar@revistamiopia.mx

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