¿A QUIÉN NO LE DAN MIEDO LOS FANTASMAS?

cmD9Z36AxEQ1RgUhpTAlAEk4Zf1Duerme apaciblemente en su cama. Un sonido estridente que molesta al espectador parece que la despierta. Mira a su derecha. El niño, pálido y de color azul, desnudo, la mira fijamente, de pie junto a la cama. Paralizada, mira hacia arriba, y la mujer de azul y cabello negro, con la boca abierta y los ojos fijos, la está viendo sobre la cabeza.

Ésa es una de las más chocantes escenas de Ju-On, una de las mejores películas asiáticas de terror de los últimos 10 años –posiblemente, la mejor de la década de los 2000-. Es la primera parte de la obsesión de su director Takashi Shimizu (quien realizó primero cortometrajes, y luego dirigió secuelas y remakes de la misma historia).

La maldición cuenta la historia de un padre de familia que en un arranque de ira, mató a su esposa e hijo. Ahora la casa, escena del crimen, ha sido vendida a nuevos portadores, que deberán cargar y ser perseguidos por los fantasmas de la mujer y el pequeño, tanto en la casa como fuera de ella.

La envolvente, inquietante atmósfera se hace presente desde el inicio de la película. La música es partidaria del ritmo también, aunque pretenda pasar desapercibida. Tal vez sea por la excelente edición de sonido que los oídos no llegan a percibir conscientemente todas las notas musicales.

La fantasmal figura del niño, de azul, desnudo, con cabello y ojos negros, sin duda roba la pantalla. Es el protagonista de la mayoría de los mejores momentos de la cinta, tan buenos que es difícil escoger uno que englobe la naturaleza misteriosa de la película. Pero podemos englobarlos en un terror que no conoce inicio ni final: justo cuando siente el horror de las imágenes que está viendo, éstas ya tienen un rato de haber comenzado.

Y a la vez también se recurren hay momentos cualquiera, de apacible tranquilidad, en la que los fantasmas imponen presencia, lejos de recursos baratos como un cambio en la música, o un zoom in. Allí es donde se pone a prueba el espectador, esperando encontrárselos en el camino a cada momento, no termina decepcionado. La escena del elevador y el restaurante son de las más memorables por ello.

La abundancia de personajes y subtramas, lejos de distraer, demuestran la riqueza del guión y la profundidad de una “simple” historia de fantasmas y casas embrujadas. Después de todo, Ju-On es el resultado de la obsesión de su director, pues previamente realizó un cortometraje con la misma historia, le dirigió la secuela (Ju-On 2), y el propio remake norteamericano (al igual que la gran mayoría de remakes del terror japonés, bastante mediocre, ni por ser dirigido por el mismo realizador).

Y también, al igual que las películas asiáticas que se enmarcan temporalmente (El Aro, Agua Turbia, Espejos), La maldición es una historia contada por japoneses para su público –pues la idiosincrasia de los personajes, los chistes locales, lo aferrados a la tradición-, y sin embargo, también para un público internacional: ¿a quién no le dan miedo los fantasmas?

JU-ON (La maldición)

Japón, 2000

Director: Takashi Shimizu

Productores: Takashige Ichise, Kazuo Kato, Masaaki Takashima

Guionistas: Takashi Shimizu

Fotografía: Nobuhito Kisuki

Música: Geiri Ashiya

Intérpretes: Yurei Yanagi, Chiaki Kuriyama, Hitomi Miwa, Takako Fuji, Takashi Matsuyama

@sergio_jaa

sergio.aguilar@revistamiopia.mx

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