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12:45. Replantear mis hipótesis. 1: Las Matemáticas son el lenguaje de la naturaleza. 2: Todo lo que nos rodea puede ser representado y entendido por números. 3: Si graficas los números de cualquier sistema, patrones emergen. Por lo tanto, hay patrones por todos lados en la naturaleza.

Pi, el orden del caos, ganadora del Premio a Mejor Director en Sundance en 1998, es el debut como director de Darren Aronofski. Es una de las mejores y más creativas cintas norteamericanas independientes de la década de los 90, y es una cinta clave para entender el estilo narrativo y de lenguaje de su director.

Pi cuenta la historia de Max Cohen, genio matemático antisocial, introvertido y recluido en sus computadoras y pensamientos inconscientes que estudia las propiedades del número Pi. Por accidente, da con un patrón extraño, pero no le toma mucha importancia. Al platicar con el que parece su único amigo, otro matemático, le dice que no debe subestimar esa casualidad, ya que le sucedió algo similar al trabajar con Pi. De pronto, una secta religiosa cabalística y un grupo de accionista en Wall Street dan con Max, y le obligan a darle ese número que puede predecir el comportamiento de la bolsa de valores y corresponde con el posible verdadero nombre de Dios.

Pi es tal vez el más genial homenaje cinematográfico a las matemáticas. No sólo es el tema principal y motivo recurrente (las abundantes espirales alrededor de los objetos, los ejemplos dichos en el inconsciente del protagonista), sino que la propia película parece haber sido realizada y editada con una precisión matemática.

Las referencias a las matemáticas no sólo son obvias entonces, sino también forman parte de un universo caótico y ordenado a la vez. Max es una ironía: es un protagonista que está investigando, tratando de encontrar algo en Pi, y cuando da con él, y reconoce su potencial y peligro, se aleja con miedo e ira. Realmente, Max sólo quiere estar solo, en su departamento y en su cabeza.

Sus constantes ataques de migraña no son más que metáforas de sus apatía en general por un mundo que comprende como nadie y a la vez está más perdido que cualquiera. Por ello, el surrealismo que acompaña muchas escenas es no sólo bien recibido y justificado, sino además excelente complemento de la dualidad entre orden y desastre.

El excelente soundtrack es otro ejemplo del constante leit motiv matemático en toda su realización. La selección de piezas de música electrónica de Banco de Gaia, Aphex Twin y Massive Attack, junto con la excelente música de –en ese entonces desconocido-, Clint Mansell, hacen una armonía precisa y casi exacta del sentimiento de orden y caos que impregna la película.

La historia que Max nos cuenta sobre cómo se quedó viendo al sol por unos minutos hasta que perdió la vista cuando era un niño, quedando varado en la oscuridad, y luego recuperándola lentamente, es la clara muestra de la devoción que siente no sólo por las matemáticas, sino por la búsqueda de la verdad. Verdad que puede ser demandante o peligrosa, pero verdad al fin.

PI (Pi, el orden del caos)

E.U.A., 1998

Director: Darren Aronofski

Productores: Darren Aronofski, Scott Vogel, Eric Watson

Guionistas: Darren Aronofski

Fotografía: Matthew Loibatique

Música: Clint Mansell

Intérpretes: Sean Gullette, Mark Margolis, Ben Shenkman, Samia Shoaib

sergio.aguilar@revistamiopia.mx

@sergio_jaa

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